Testimonio de Cayetana Paris
Nuestra historia así lo demuestra: alabar, bendecir y predicar ha sido y sigue siendo gracia y tarea de frailes, monjas y laicos.
La acción del Espíritu Santo va más allá que nuestras limitadas visiones sobre muchas cosas. Desde siempre, Cristo es el que llama, y luego viene la respuesta de cada hombre o mujer. Es ahí donde entran los dones y carismas que cada uno haya recibido y esté dispuesto a vivir para Gloria de Dios. Los fundadores de las familias religiosas así lo hicieron, su respuesta fue enamorada y comprometida y su carisma sigue salpicando a muchos, a los laicos también. Aterrizando en nuestra Orden, queda claro, y nuestra historia así lo demuestra, que ALABAR, BENDECIR y PREDICAR ha sido y sigue siendo GRACIA y TAREA de frailes, monjas y laicos. El Espíritu del Señor se derrama en los corazones de “carne” y se revela a los que se abren a la Gracia.
Algunos de esos corazones no viven en un convento, pero encontraron en el carisma dominicano un camino gozoso para crecer en la búsqueda de la Verdad por medio de la oración y el estudio, viviendo la fe en pequeñas fraternidades, descubriendo cada día su identidad laical al servicio al Señor y de los hermanos con una visión real y comprometida con el mundo desde la compasión y la justicia.
Los laicos dominicos nos estamos tomando en serio nuestra formación espiritual e intelectual. Los miembros de las fraternidades sabemos que debemos superar el papel de simples oyentes que obedecen ciegamente, o el de de ser mero objeto de la cura de almas… Son viejos esquemas si realmente queremos vivir una responsabilidad hacia dentro (“ad intra”), sintiéndonos corresponsables de la vida de la comunidad cristiana como Orden de Predicadores que somos y participando activamente de su misión en la Comunidad Eclesial.
También hemos de vivir una responsabilidad hacia fuera (“ad extra”), es decir, siendo cristianos dominicos en el mundo, llamados a ser “fermento”, “sal” y “luz” para anunciar y hacer presente el Reino de Dios en la humanidad. Añadiría un precioso reto, el de ser “AZUCAR”, tal vez para endulzar experiencias amargas que viven hombres y mujeres desde la pobreza, la ignorancia, la injusticia, la enfermedad o el abandono. En este tiempo nuestro de buena fachada y grandes carencias, podríamos y deberíamos empezar a COMPADECER.
Ojalá seamos un laicado “creíble”, para Gloria de Dios y de la Orden.
Dª Cayetana Paris, OP
Fraternidad de Viveiro (Lugo)