RETIRO DE CUARESMA FRATERNIDAD LAICAL DE SANTO DOMINGO DE ATOCHA
El pasado fin de semana de 13 al 15 de marzo, la Fraternidad de Santo Domingo de Atocha hemos celebrado un retiro de Cuaresma con la forma de Encuentro de fin de semana.
Nos hemos reunido en una Casa de Espiritualidad en el Escorial y en ese marco de recogimiento y fraternidad hemos reflexionado acerca de la predicación.
Nuestro programa consistía en profundizar en cómo, dónde y qué predicar; cómo hacer poderosa la predicación y finalmente en afrontar algunas dinámicas de predicación.
Para abordar estas cuestiones invitamos a Fr. Felicísimo Martínez Díaz que nos ofreció su visión del tema.
Fr. Felicísimo insistió en que los miembros de la familia dominicana no deben convertirse en funcionarios de la religión. Un fiel puede ir a Misa, pero un creyente celebra la Eucaristía. Del mismo modo el creyente predica y no se limita a hablar de experiencia de vida o de fe. Y no debemos dejar nunca de predicar porque la predicación es un servicio a las personas: se trata de ayudar a los demás, a dar sentido a su vida. Esa vida sin sentido lleva a la desesperación y al vacío existencial. Un miembro de la familia dominicana nunca debe perder la fe en la eficacia de la palabra. Pero a veces no son necesarias las palabras y son los silencios los que cobran protagonismo, porque, aunque nosotros pensemos que hay momentos en los que no es necesario predicar, la realidad es que la gente tiene sed, nos necesitan y nosotros tenemos que “estar ahí”.
La siguiente pregunta que nos planteó fue dónde predicar. El primer lugar de predicación es la familia, lugar por antonomasia de germinación de la fe y lugar propicio de la experiencia de fe. Pero la realidad es que en cualquier lugar en el que esté la persona es lugar de predicación, sean formales o informales: es preciso compartir las experiencias de la fe, siempre respetando el “espacio” del otro, sin violentar, sin invadirle.
La predicación surgirá en la catequesis, en el estudio bíblico, pero también, y sobre todo, en la puerta de la iglesia, cuando salgamos de celebrar la Eucaristía: siempre y en todo lugar.
En este punto Fr. Felicísimo citó la expresión del quinto Maestro de la Orden, Fr. Humberto de Romans: “predicar fuera de la predicación”, en los lugares en los que se desarrollan la mayor parte de nuestras conversaciones, de nuestras vivencias, en las reuniones informales, en la parada del autobús, en el café, en la puerta de misa…. Porque nos insistió, una palabra puede salvar una vida y un mensaje puede suscitar una vocación.
El siguiente paso es ¿cómo predicar? Recalcó la idea de la predicación “en y con” las nuevas tecnologías. No podemos desaprovechar esa ventana amplia y que nos ayudan a transmitir los que hemos descubierto y que tenemos la necesidad de contarlo, de transmitirlo…
Para ello debemos conocer los “huecos” de la existencia humana (lo que necesita cada persona) ¿tenemos capacidad/derecho de entrar en la intimidad de los demás? Los laicos estamos en mejor disposición de conocer cuáles son esos huecos, porque muchas veces la presencia de un religioso “cohíbe” a muchas personas. Las homilías, por desgracia, no son capaces muchas veces de cubrir esos huecos.
Nos recordó que además Santo Domingo recomendaba la necesidad de practicar la compasión (el “padecer con” el otro). Esta cuestión abrió un pequeño debate acerca de simpatizar o empatizar para predicar. Contar tus experiencias (y no tu vida) es darse a los demás, es compartir lo que has vivido porque realmente es lo que llega a los demás.
Abordó la cuestión del estudio y la formación, carisma fundamental de la familia dominicana porque tenemos que estar lo suficientemente preparados para decir lo que se debe y no decir lo que no se puede decir. Como dijo el Maestro de la Orden Fr. Timothy Radcliffe, un miembro de la familia dominicana ora, estudia, medita, predica… pero no para hacer carrera. El dominico tiene que ser predicador de la gracia. Tiene que predicar “verbo et exemplo” (con la palabra y con el ejemplo): juntar la vida y la Palabra.

El diálogo de la tarde cambió. Fr. Felicísimo pasó de hablar a escuchar. Nos iba recorriendo con su mirada mientras entablamos un fraternal diálogo en el que se intercambiaron ideas, propuestas, dudas, temores y sobre todo mucha esperanza. Nos transmitió su interés por seguir aprendiendo, porque nos contó que no se cansaba de aprender. Y siguió atento nuestro diálogo aportando su experiencia y contando anécdotas que le habían ocurrido mostrando que predicar es algo innato al cristiano, y es una necesidad para el predicador dominico, que predica siempre y en todo lugar.
El retiro finalizó al día siguiente tras la realización de varias dinámicas encaminadas a practicar aquello que habíamos debatido. Intercambio de las frases que más nos habían impactado a cada uno, trabajo en equipo con una lectura de las Escrituras sobre cómo predicar en diferentes situaciones o personas que nos encontramos…