Bodas de Oro de Santa María la Real en Bormujos: 50 años siendo faro, luz y oración en el Aljarafe
El pasado 1 de junio, la comunidad del Monasterio de Santa María la Real de Bormujos (Sevilla) vistió sus mejores galas para celebrar un hito histórico: sus Bodas de Oro (1976-2026) de presencia ininterrumpida en esta entrañable tierra de la Archidiócesis. Medio siglo en el que las Madres Dominicas han sido un auténtico pulmón espiritual para el Aljarafe, custodiando el carisma de Santo Domingo de Guzmán a través de la oración constante, el trabajo y el silencio contemplativo.
La solemne Eucaristía de acción de gracias estuvo presidida por Don José Ángel Martín, vicario episcopal para la vida consagrada, quien durante su homilía desgranó con profunda sensibilidad el sentido y el valor de estos cincuenta años de fidelidad y entrega.
Santificadas en la Verdad (Veritas)
Haciendo alusión al lema de la Orden de Predicadores, Veritas, y al Evangelio de San Juan («Santifícalos en la verdad, tu palabra es la verdad»), el vicario episcopal destacó cómo estas hermanas dominicas viven plenamente consagradas a Aquel que es la Verdad: su esposo, Jesucristo. Por Él lo dejaron todo —casa, padres, tierra y herencia— para convertirse en un faro de fe.
Una historia de comunión y arraigo
Durante la celebración se rememoraron los orígenes de este monasterio, cuya rica historia comenzó en la ciudad de Sevilla en 1409. Tras siglos de andadura y la fusión de diversas comunidades históricas (Nuestra Señora del Valle, Santa María de Gracia, Nuestra Señora de los Reyes y Santa Catalina de Osuna), las ruinas materiales del antiguo cenáculo sevillano obligaron a las hermanas a trasladarse en 1976 a los terrenos conocidos como "Los Candeleros" en Bormujos.
«Para Dios no existen las casualidades», enfatizó el predicador, subrayando el simbolismo del lugar: las monjas contemplativas están llamadas a ser, precisamente, candeleros que sostienen la luz del mundo.
Entre la multitud que llenó el templo, destacó el cariñoso acompañamiento del laicado dominico. Las hermanas estuvieron acompañadas de cerca por las Fraternidades de Bormujos, de Sevilla y Jerez, junto a algunos laicos de la parroquia de San Jacinto. Todos ellos no dudaron en desplazarse para vivir juntos este día histórico de comunión fraterna.
Con el corazón lleno de gratitud y haciendo nuestras las palabras de la homilía, repetimos con el salmista: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres».
¡Felicidades, queridas hermanas!